Qué es el pilates y para quién merece la pena

Explicación completa del método Pilates: historia, principios, evidencia y para quién tiene sentido.

Joseph Pilates

Joseph Pilates en su estudio de Nueva York. Fotografía de Richard Hoare / Geograph Britain and Ireland (CC BY-SA 2.0)

Origen y contexto del método

El método Pilates fue desarrollado por Joseph Hubertus Pilates, nacido en 1883 en Mönchengladbach, Alemania. De niño padecía asma, raquitismo y fiebre reumática, lo que lo empujó a estudiar el cuerpo humano con determinación casi obsesiva. Buscó en el boxeo, la gimnasia, el yoga y la lucha diferentes formas de fortalecer su organismo, y con el tiempo pasó de ser un niño enfermizo a un atleta competente en natación, buceo y acrobacia.

Durante la Primera Guerra Mundial quedó atrapado en Inglaterra como ciudadano alemán. Mientras estuvo recluido en campos de internamiento en la isla de Man, empezó a trabajar con compañeros prisioneros. Fue allí donde affine lo que hoy se conoce como método Pilates: un sistema donde el control, la respiración y la precisión del movimiento se combinan para trabajar cuerpo y mente a la vez. También desarrolló soluciones con muelles adaptados a camas de hospital para que soldados heridos pudieran ejercitarse, algo que anticipó las máquinas que diseñaría más adelante.

Tras la guerra colaboró en Alemania con expertos en danza y educación física como Rudolf von Laban. En Hamburgo entrenó a agentes de policía y affine los últimos detalles de su sistema antes de decidir que prefería marcharse de Alemania antes de que el gobierno le pidiera trabajar para el ejército. En 1926 embarcó hacia Estados Unidos. En el barco conoció a Clara Zeuner, que se convertiría en su esposa y socia para el resto de su vida. Juntos abrieron un estudio en Nueva York, en la Octava Avenida, en un edificio que compartía dirección con el New York City Ballet. El método ganó tracción entre bailarines profesionales y artistas que buscaban recuperarse de lesiones. George Balanchine, uno de los coreógrafos más influyentes del siglo XX, estudió con Pilates y lo invitó a instruir a sus bailarines de forma regular.

Pilates siguió impartiendo clases personalmente hasta su muerte en 1967, incluso cuando ya no podía realizar los ejercicios por sí mismo. Murió en Nueva York a los 83 años por complicaciones respiratorias. Dejó dos libros publicados: Your Health (1934), donde expone la filosofía del método, y Return to Life through Contrology (1945), que describe los 34 ejercicios de colchoneta que componen la base del trabajo en suelo.

Contrología, clásicos y contemporáneos: los estilos del método

Joseph Pilates llamó a su método original Contrología, una palabra que refleja la idea central: el movimiento se ejecuta mediante el control consciente de los músculos, no por inercia ni por fuerza bruta. Durante su vida fue muy celoso con la enseñanza del método y no permitía que otros lo modificaran. Solo autorizó a ciertos alumnos a enseñar versiones adaptadas, siempre que dejaran claro que no enseñaban el método original, sino una derivación del mismo.

Esa rigidez inicial explica en parte la diversidad que existe hoy. Cuando Pilates murió en 1967 sin designar un sucesor claro, sus alumnos más cercanos, los llamados elders, comenzaron a abrir sus propios estudios, cada uno con matices propios. Romana Kryzanowska asumió la dirección del estudio original en Nueva York. Ron Fletcher llevó el método a Los Ángeles y atrajo a estrellas de Hollywood. Lolita San Miguel y Kathy Grant fueron las únicas certificadas por Pilates directamente antes de su muerte.

De esas ramificaciones nacieron dos grandes corrientes. El Pilates clásico mantiene la estructura y el orden de ejercicios del método original, con énfasis en la ejecución fiel y el uso de máquinas diseñadas por el propio Joseph. El Pilates contemporáneo incorpora modificaciones basadas en nuevos conocimientos sobre biomecánica, ergonomía y fisiología, y usa equipos que pueden variar respecto a los originales.

La diferencia no siempre es visible en una clase, pero sí afecta al enfoque. El Pilates clásico tiende a trabajar con secuencias más cerradas y un número fijo de repeticiones. El contemporáneo permite más adaptación individual y suele integrarse mejor con otras disciplinas como el yoga o el entrenamiento funcional. Ninguno es objetivamente mejor: la calidad de la instrucción y la adaptación al perfil del practicante pesan más que la etiqueta.

Los seis principios del método

El método se sostiene sobre seis principios que guían cada ejercicio, aunque la comunidad científica no siempre otorga el mismo peso a todos ellos. Los más reconocidos son: concentración (cada movimiento parte de una atención activa sobre lo que se hace), control (el cuerpo se maneja con precisión, no por inercia), centro de gravedad (el trabajo parte desde el core, la zona media del cuerpo, lo que Pilates llamaba el powerhouse o centro de energía), respiración (coordinada con el movimiento, nunca desconectada), precisión (calidad por encima de cantidad) y fluidez (los movimientos se encadenan sin cortes bruscos).

El centro de gravedad merece una mención especial porque es la base sobre la que se construye todo lo demás. Pilates lo situaba en la zona media del cuerpo, como una faja que rodea la zona lumbar y el abdomen. Activar este centro, lo que en pilates se conoce como hacer vacío o conectar con el transverso, no solo protege la espalda baja sino que permite que las extremidades se muevan con más eficiencia. Es, en cierto modo, el fundamento práctico del método.

La Asociación Española de Pilates (AEFEP) señala que la investigación científica sobre estos principios avanza lentamente porque el método no siempre se ha estudiado con el rigor metodológico que requieren los estudios clínicos. Aun así, muchos fisioterapeutas y readaptadores reconocen el valor de incorporar la respiración y el control del core en programas de rehabilitación.

Qué trabaja realmente Pilates

Pilates no es solo abdominales ni solo postura. Trabaja control, respiración, fuerza, coordinación y movilidad en un marco de movimiento bastante preciso. La distinción clave es que no se trata de mover peso o hacer cardio intenso, sino de aprender a activar grupos musculares concretos con eficiencia.

La literatura científica ha documentado mejoras en varias áreas: coordinación, estabilidad postural y control del movimiento. Estudios respaldan que el método Pilates aporta beneficios en fuerza, equilibrio y reducción de caídas en personas mayores. Estos resultados son relevantes porque convierten la práctica en una herramienta preventiva, no solo correctiva.

Estudios académicos concluyen que Pilates aporta beneficios en fuerza, equilibrio y reducción de caídas en personas mayores, convirtiendo la práctica en una herramienta preventiva.

Qué no es Pilates

Un error frecuente es esperar que Pilates funcione como entrenamiento de fuerza convencional con pesas o como actividad cardio de alta intensidad. No lo es. Tampoco es una técnica de rehabilitación médica aunque se use como complemento en procesos de readaptación, ni una garantía de resultados estéticos si no se combina con otros hábitos.

Otro error habitual es asumir que cualquier versión del método es equivalente. La calidad de la instrucción influye mucho: una clase con supervisión inadecuada, grupos muy grandes o un instructor sin formación puede generar patrones de movimiento incorrectos que anulen el beneficio. La diferencia entre una sesión bien guiada y una sesión mal guiada es sustancial.

Tampoco es una práctica que se aprende de una vez. Quienes llevan años practicando siguen descubriendo matices en la respiración, en la posición de la pelvis o en la forma de activar el suelo pélvico. Es un método que recompensa la paciencia y la atención constante.

Para quién tiene más sentido

Pilates encaja bien en perfiles muy distintos. Quien empieza desde cero y busca una práctica progresiva sin impacto encuentra en Pilates una puerta de entrada accesible. Quien ya hace otro deporte y quiere mejorar control, postura o prevención de lesiones también se beneficia. Personas mayores con preocupación por el equilibrio y el riesgo de caídas encuentran en el método una herramienta de trabajo demostrada.

Mujeres en etapa de posparto, personas en proceso de rehabilitación cardíaca, trabajadores con dolor lumbar crónico relacionado sedentarismo prolongado, bailarines buscando complementar su técnica: todos ellos pueden encontrar en Pilates un marco útil, siempre que la instrucción sea personalizada y la adaptación progresiva.

No obstante, hay situaciones donde Pilates debe complementarse o substituirse por otro enfoque. Cuando existe dolor agudo, hernia discal no estabilizada, osteoporosis avanzada o alguna condición cardiovascular no controlada, lo razonable es consultar antes con un profesional sanitario. Un buen instructor de Pilates no debería nunca trabajar en esos casos sin la supervisión de un médico o fisioterapeuta.

Expectativas realistas

Pilates no es una solución mágica ni una promesa de resultados estéticos concretos. Su valor está en la calidad de la práctica y en la continuidad. Quien decide empezar con expectativas claras sobre lo que el método puede y no puede ofrecer suele avanzar mejor y abandonar menos.

La consistencia importa más que la intensidad. Dos sesiones semanales bien ejecutadas durante seis meses producen más cambios medibles que cinco sesiones semanales durante un mes sin continuidad posterior. La literatura sobre adherencia al ejercicio muestra que las personas que mejores resultados mantienen son las que reducen la frecuencia y mantienen la práctica a largo plazo.

También conviene saber que los primeros cambios suelen percibirse en cómo se maneja el cuerpo en actividades cotidianas: subir escaleras, estar de pie mucho rato, recoger algo del suelo. Las mejoras visibles en condición física llegan después, y las variaciones individuales son grandes.

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